03 julio 2009

Trabajos de futuras versiones

"Ahora me gustaria hablar contigo
sentirte cerca y poder conocerte
tal vez acercarme a ti de modo que me sintieras
un poco más cerca
susurrándote que estamos vivos
poder expandir los brazos y cerrarlos para tener cerca tu pecho
y dejarnos llevar en una sinfonía de sentimientos que sabes,
nunca podremos controlar.


Me desnudas y me muero
me despiertas y me asusto
dulce es la muerte y agria la vida
en balance eterno
tu me arrastras con una soga al cuello
pero sigo anclado e instalado en ese mundo
donde tú eres una copia infiel
y yo un ser difuminado.


Encerrado y aparcelado
Engatusado por la violencia de algo cuyo nombre no puedo poner
Enclaustrado en un mundo que no entiendo
Ensimismado en una persona que no reconozco
Violentado por el reflejo de lo que reprocho
Cansado de estar y no comprender
Agotado de cansar y no merecer
Me planteo el acabar con mi vida de una forma subrepticia
Así que préstame tu mano
y hagamos arte para cubrir el amor
que apuntale la marea de mi nada.

Cuando abres los ojos y dejas un paso a la esperanza llega la orgía de caos a echarte hacia atrás
tienes el camino recorrido y despejado pero sigues por la orilla, entre matorrales
crees estar en posesión de la razón y te sabes equivocada
piensas que estar cerca pero te mantienes esquiva
y así, continúa la travesía en un paraje que alterna la desnudez del desierto con la tropical sabana."

R.C.S.

24 mayo 2009

Esa precisa esquina

Ahí aparece. Tan roto como el día en que lo rompiste. Era un bordillo cualquiera, gris, con sus cantos y texturas. Pero una noche vino tu torpeza a chocar contra esa precisa esquina. Cayeron trozos de piedra que ya no hay. Las aristas del bordillo ya son menos aristas. Pero todo está en su sitio y roto desde que tu tierna indiferencia vino a chocar contra esa precisa esquina.

La vida se me abre entera, salen brujas, gallos y corchos, y yo me asusto de mi sombra. Para qué tanto esfuerzo si muerta en unos años bajo tierra y olvidada de mis penas.

26 abril 2009

La roca ciega

Quiero ser sorda de la vista.
De alegrías coja y de mentiras.
Sin roces de afilados ojos,
sin palabras invasoras
frente a camino abierto.
¿Dónde quedó mi pobre rutina incendiaria,
la tristeza calcárea,
las noches de mis lágrimas?
¿Qué hacen mis días entre tus manos?
Ahogados entre ídolos de muerte.
Y vuelo en mi alfombra contigo,
y caigo entre nubes de campanas,
me levanto grande
al aire imploro que marche
y,
por fin,
caigo y vuelvo.
A donde soy,
al gris lamento,
al silencio de los pies,
a la roca ciega.

14 abril 2009

Cómo arrasa todo la ola. Vaho de silencio sin tus palabras calladas. Me enseñaste cómo ahogarme solita. Y desespero tus naufragios de gritos familiares. Arrastro mis pies a lo largo del día. Ciega y sorda de todas las felicidades. Retumbante agonía tu inexistencia fantasma. Qué castigo he de cumplir. Qué tiempo he de esperar hasta no verte. Aprendiendo a hacer gris la luz que me falta. Rezando a la rutina que me haga un muerto más. Que no aparezcan tus pasos en la arena de mis noches. Que no te rodeen mis sueños. Acostumbrarme de una maldita vez a andar sin coger de la mano a nadie. Y menos a espectros.
Pero quién se cree que me iré. Vagaré intentando adentrarme en tierra de nadie. Pero nadie siempre eres tú. Y tus aristas secas, muertas, forzadamente calladas, herirán mis despertares. Saltaré, te dibujaré en cada trazo. Veré como te vas desvaneciendo en el horizonte. Y, como el sol, te irás escondiendo, tras las montañas. Llevándote contigo la luz hasta dejarme a oscuras.

09 abril 2009

Acércate lentito. Como hay que acercarse. Tómame del cuello en tus manos y arráncame las fauces en un tierno bocado. Deja que tus dedos sigan la línea marcada. Ardiendo brasa efímera en la piel. Llévate por delante ropas, telares y otros colgajos inútiles. Déjame viva y fria frente al sol. Palpitando lejos del gris de los días. Molde del calor expectante de tu suprema vigilancia, pícara. Das el paso a mis brazos y encajan en tus sueños. Mi piel te rodea, muda dejada en otras vidas por tu piel de serpiente. Chocan pasados y al chocar hoguera que olvida. Choque, roce, caricia. Avaricia. El todo en la parte. Una parte del todo abandonado cuando se nace. Resurgir. Hacerse más alta y más bella. Eterna. Poderosa en tu poder de hombre. Fuerte y sabrosa. Volar y subir a tus ojos de abismo de alas de pájaro. Voltear la realidad, boca abajo, marearla, escrita en papel fijo. Hueles a tierra, carne y sal en los pulmones. Sabes a quebranto dulce y leche amarga. Tus brazos más allá de paredes. Tus manos el mundo desde la luna, sin nombres ni grabados. Ojo espía de mi cuerpo anhelante y sus rincones. Abierto canal encendido en la forja de la espada.

21 marzo 2009

Suicídate pidiendo su mano, que sólo a quienes no la piden la darán. Esos nombres siempre presentes, omnipotentes. Y sola de tanto regalarme, aguardo la calma o la muerte en manos ajenas, que no me hablen de amistad, ni de lenguaje. Que no miren ni sueñen y sólo les quede respirar.
Qué mala suerte la mía
desear una boca sin nombre
a la mía prendida.
Qué mala suerte la mía
no hallarme ni muerta ni escondida,
que tu puño era la letra
y mi letra la partida.
Qué mala suerte la mía
esperar lo que desespera
no creer ni en la destreza
de la pereza del mar,
deseando la ola,
delicia fugaz,
la ola que me ha de ahogar.
Qué mala suerte la mía
para que otros te olviden
modelarse en poesía.

09 marzo 2009

Débil de lágrimas
sin cuentas, gotas,
flotando salgo
al silente sol.
Rezo escaso al astro
tras las ramas quebradas
de un árbol seco
y un mirlo cantando.
Qué yo sola
qué lúcida ida
a la muerte terrena.
Qué poca esperanza ya
para estoy huesos
alicaídos.